Hace días atrás AM 800 MOCOVI juntó a Gabriel Milovich y Aleksandar Milovic. El ayer y el hoy con el básquet a flor de piel. Historias, anécdotas, pasado, presente y futuro. Uno dejó su sello en la Liga, el otro llegó desde Montenegro y apunta bien alto.

Gabriel Milovich es un histórico de la Liga Nacional. Mucho tiempo y prestigio en Obras Sanitarias. Campeón con el “Tachero” en la copa William Jones, allá por el año 83. Grandes figuras lo acompañaban y formaban parte de un grupo notable. La Selección Argentina lo albergó por varios años, jugó tres mundiales. Juegos Panamericanos. Preolímpicos. En los 80 fue al Partizán de Belgrado (Yugoslavia). Una gran pasión ligada al básquetbol. Jamás se olvida de entrenadores que lo marcaron en la vida y le enseñaron el camino a recorrer, Heriberto Schonwies, Carlos Boismene, Edgardo Vechio, Flor Meléndez y Renko Zeravika. Recuerda los torneos colegiales que disputó en la cancha de Cooperativa de Las Breñas. Destaca, de manera risueña, que jugaba tan mal porque era flaco, alto  y no le acertaba a nada, los insultos lo potenciaron para salir adelante. Era la primera vez que salía de su Sáenz Peña natal. En sus inicios jugaba al vóley y reconoce que tuvo suerte al descubrir de grande el básquetbol. Eso fue en el 76. Para él Flor Melendez era disciplina dentro de la cancha y Ranko Zeravika era fundamento puro.

Por su parte Aleksandar Milovic tiene una historia muy particular. Llegó hace menos de un año a la Argentina desde Montenegro. El contacto con Gabriel Milovich y Oscar Milovich se dio a través de las redes sociales. Hablaron  mucho de sus orígenes y la historia familiar, después llegó el momento del básquetbol. No lo pensó dos veces, armó los bolsos y se vino al Chaco. Está decidido a conquistar el País jugando al básquetbol. Hoy su presente es UNCAUS (Liga local) pero sabe que quiere más y hasta se ilusiona con la Liga Nacional. Tirador hasta el alma, le encanta perforar redes rivales y condiciones le sobran. Habla perfecto castellano aunque remarca que es horrible y debe seguir perfeccionándose. Tuvo ofertas para jugar en Irak y Qatar, pero se decidió por venirse por estos lados. Jugó en España, Hawai, EE UU y otros Países. Entrena con todo a diario superándose para pegar el gran salto. En el 98 empezó a dedicarse al básquet. Un día antes, reconoce, tenía miedo de jugarlo, fue solo eso nada más porque de ahí hasta acá lo vive de manera muy interesante. Recuerda mucho a Drazen Petrovich pero admira a Kobe Bryant y Michael Jordan. Trata de mirar seguido a jugadores que juegan en su puesto (escolta o alero). Siempre dice que la idea es seguir aprendiendo, no se queda con lo que es y lo que tiene, apuesta a más. Tiene un pasado con el Kick boxing. Resalta que cuando tiene una discusión familiar la bolsa del gimnasio sufre las consecuencias. Ambos respiran básquetbol por donde se los mire. Dos buenas personas que aman el deporte de la pelota color naranja.

 

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