Pensar que hace años atrás en pleno TDI se cruzó en dos apasionantes partidos con Libertad de Charata. En poco tiempo fue la gran noticia. Hoy es uno de los animadores de la B Nacional

CRUCERO DEL NORTE: UN EJEMPLO A IMITAR

 

Será la “grama bahiana” tan promocionada. O los seis misioneros del plantel, curtidos para jugar al calor de Posadas. Serán las medidas de la cancha, larga y ancha como ninguna otra en el país. O los casi cinco años, y contando, que lleva Pedro Dechat como entrenador del equipo. Será una mezcla de cada uno de esos ingredientes. Quién sabe. Lo irrefutable es que Crucero del Norte alumbró desde Misiones el salto más grande del fútbol argentino actual: nueve años después de haberse fundado, debutó esta temporada en la B Nacional. Y, como si todo esto fuera poco –diría un vendedor ambulante–, lo hizo pisando firme, al punto de mezclarse entre los primeros en el arranque del campeonato. Cualquiera que haya recorrido las rutas mesopotámicas se habrá cruzado alguna vez con un colectivo de Crucero del Norte. De esa empresa surgió, en 1989, la Asociación Mutual del Personal de Crucero del Norte. Y con ese nombre, un grupo de muchachos empezó a jugar al fútbol de salón en Posadas. Allí, ese deporte es tradición. Entre los jugadores se anotaba seguido Julio Koropeski. Y decir Koropeski, en Misiones, es decir Crucero del Norte: Demetrio, el papá de Julio, fue el fundador de la empresa, en 1949. Pasaron los años, los viajes y el gusto de tirar paredes sobre piso de madera; hasta que llegar a la final de un sudamericano de fútbol de salón, en la propia Posadas, fue el paso previo a saltar a la cancha de 11. El 14 de octubre de 2003, por fin, el club Crucero del Norte nació como tal. Ese año debutó en la liga local, en una cancha alquilada. Se iniciaba un ascenso vertiginoso. Al año siguiente, el equipo salió campeón por primera vez e ingresó en el Torneo del Interior. En mayo de 2005, iniciaría su romance con la Promoción: por esa vía dejaría atrás a Independiente de La Rioja para situarse en el Argentino B. Entonces, llegaría la inauguración de la primera parte del estadio Andrés Guacurarí “en la coqueta zona de Santa Inés”, tal como la publicita la web del club. Allí, a 15 kilómetros del centro de Posadas, transcurrieron cuatro temporadas hasta dar otro salto, al Argentino A, en 2009. También por ganar una Promoción; en ese caso a Alvarado de Mar del Plata, de visitante, ya con Dechat como técnico. Tres años y cientos de viajes después (pero sin pagar el colectivo, obvio), Crucero del Norte volvió a tutearse con una Promoción, ahora para llegar a la B Nacional: sucedió el 30 de junio de este año, a 2306 kilómetros de Posadas: en Puerto Madryn, contra los pronósticos y el viento, le ganó 1-0 a Guillermo Brown el partido de vuelta (habían empatado 0-0 en Misiones) y pegó el grito. Un sólo hincha, llamado Oscar Sosa, puede dar fe de haber estado allí.

EL ESTADIO

Andrés Guacurarí tiene capacidad para 9.200 personas. Cada partido es una fiesta para el Colectivero. “Cuando lo fundé, me propuse llegar a la B Nacional en diez años”, saca pecho Julio Koropeski, el presidente del club desde aquel momento. El uso de la primera persona no es un fallido: en el club, lo reconocen todos, la estructura es verticalista. Y él es quien toma las decisiones. El mismo que está al frente de la empresa familiar con Hugo, su hermano. Los que llegaron a tener una línea aérea en Paraguay, también. Y que levantan un hotel cuatro estrellas en Iguazú, al influjo de las cataratas más famosas del país. Que el club tenga esa espalda para sostenerse empuja a algunos a mirarlo de costado. Como si se tratara de nuevos ricos. “El club no tiene problemas económicos, está claro”, apunta Mario Alcaraz, periodista del diario local Primera Edición, encargado de seguir a Crucero desde antes de su llegada al mundo de la pelota televisada. “Los Koropeski tienen un carácter fuerte: si algo les sale mal se encabronan y vuelven a intentarlo, hasta que logran lo que buscan. Eso explica por qué el club llegó tan arriba”, los describe. “Que haya una cabeza visible a veces acorta los tiempos para tomar decisiones, y eso es bueno”, observa Dechat, el entrenador, un correntino que siempre trabajó en equipos de la zona y ahora pisa la B Nacional con Crucero. Una vez obtenido el ascenso, lo primero que se estableció fue mantener la base del plantel que había dado el salto. Y los seis misioneros estuvieron a la cabeza de las renovaciones de contratos: Julio Gaona (el arquero que jugó en Primera en Central, por ejemplo), los defensores Dardo Romero y Dante Bareyro y los volantes Franco Cabrera, Carlos Marczuk y Pedro Brítez. Incluso el 70% de la plantilla viene de la campaña anterior.  Andrés Eliceche. Fotos: Prensa Club Crucero del Norte.

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Comentarios

marcelo

osbaldo podes decirme cm salió atlético y la escuelita

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